Este espacio ha recibido ya más de 300 visitas, lo que me hace pensar que lo que escribo ha captado el interés, al menos de forma pasajera de unas 300 almas que como yo buscan respuestas a la experiencia de existir. Y es que como seres humanos tendemos a ahondar en los laberintos de la vida, aun de forma inconsciente para descubrir nuestros tesoros, esos que amasamos entre dudas, sonrisas y alguna que otra esperanza.
La vida se encarga de devolvernos la mirada que le damos, nos muestra nuevas formas de ser, de hacer, de expresarnos. Nos sale al paso y anima para que con la cabeza en alto sigamos disfrutando de la eternidad manifiesta en lo efímero que nos rodea. Y es en ello que está la celebración del Misterio, el acercamiento gozoso a las múltiples vueltas que la vida da, colocando en el camino personas, lugares, provocando sentimientos, encontrados unos, emocionantes los otros.
Vamos navegando hacia la conquista de nuestra felicidad, que se manifiesta anhelante en los más inverosímiles rincones. Esa felicidad que brota desde dentro del alma y que no conoce ocaso, ni siquiera el de las lágrimas. Podemos ir más allá, ser nosotros/as mismos, abandonando el miedo que paraliza y acogiéndonos al caudal de la pasión que nos constituye como seres de naturaleza divina.
Ojalá y un canto se eleve hoy junto con nuestras plegarias, no sólo por las 300 almas que han visitado este sitio, si no también por todas aquellas que viven según piensan, disfrutan de su existencia y que de seguro algún día se verán reflejadas en lo que escribo. Seguiré pues, "colgando" aquí mis reflexiones. Por el testimonio y el bien de los/as visitantes. Creo que vale la pena.
Ernesto D
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