viernes, 19 de diciembre de 2008

El misterio de la libélula

Los seres humanos vivimos a través de lo que creamos. La vida que nos ha sido dada como regalo se vuelve danza cuando la compartimos con otros seres humanos. El nacimiento es el instante de máxima expresión de la Creación, que envuelta en el misterio teleológico del ser, manifiesta su satisfacción en el llanto de la nueva criatura.
A imagen y semejanza del Infinito, con la naturaleza cierta del que pinta el valle mientras sueña una montaña a sus pies, eso somos nosotros aunque a veces lo olvidemos y perdamos la ilusión y el sentido. Los seres más maravillosos sobre la faz de la Tierra, los arcanos del Gran Desconocido, mesías del nuevo día que ha de suceder, donde la vida se haga más viva, donde el amor por los demás sea la única razón para luchar contra la incertidumbre, la pesadez y la pereza.
Somos la afirmación del Sí que niega el pesimismo, la mirada atenta del que está presente en todas las cosas. Guardianes del destino, que intenta escaparse por entre los dedos, que intenta olvidarse bajo las máscaras del oportunismo. La alegría de ser nunca será neutra, siempre será afirmación del No que aleja al optimismo de su propia perdición, siempre será cita para la esperanza cierta. La vida siempre será aquí y ahora. Disfrútemosla, permitamos y permitámonos ser. Creo que vale la pena.
Ernesto D

viernes, 31 de octubre de 2008

El mito de Sísifo

Según la mitología griega, los dioses condenaron a Sísifo a empujar eternamente una roca hasta lo alto de una montaña, desde donde la piedra volvía a caer por su propio peso. Una y otra vez la piedra subía y volvía a caer, imagen del trabajo inútil, absurdo y sin esperanza. ¿Tantos afanes y sacrificios para qué? ¿Acaso hemos sido también nosotros condenados?

Leyendo y releyendo el mito, pienso en cada uno de nosotros los que nos esforzamos en que nuestras tareas de cada día sean parte del fin noble del mejoramiento humano. Como Sísifo tenemos que empujar y empujar una y otra vez. Hay piedras, peñones en el camino, de todas las formas y tamaños posibles. Sin embargo, me afirmo en la esperanza de que no hay roca insalvable. Sólo el desasosiego latente, la pérdida de sentido y lo volátil de nuestros muchos deseos, es lo que hace que las dificultades se tornen a nuestros ojos como imposibles.

Sísifo no sólo empuja la piedra, sino que en ese acto de esfuerzo se reconoce, se ve a sí mismo, llegando a dominar, a conocer más sobre la masa pétrea. Se vuelve libre en medio de lo absurdo que puede parecer la tarea. Reconoce a su vez que lo que hace vale la pena, tiene sentido y es parte del destino que él mismo labra.

A veces, las piedras nos aturden, nos confunden y distraen de la verdadera esencia humana, nos remiten a lo accesorio o accidental de la misma y no nos permiten ir hacia nuevos horizontes. No se trata de huir, piedra será la huída, no se trata de olvidar, piedra será el olvido, no se trata de llorar impotentemente, piedras serán el llanto, las lágrimas y la impotencia misma.

Hay una oportunidad continua, constante, consistente en hacernos conscientes de cuanto hacemos, descubrir las piedras que empujamos hacia arriba y seguir en la tarea cotidiana de hacer que nuestro humano destino avance hacia arriba. No busquemos culpables de nuestra condición. No hemos sido condenados por ningún dios. Es nuestra responsabilidad, tiene que ver con nuestra posibilidad de elegir.

La invitación hoy es, a no abandonar el camino, no dejemos que las piedras nos caigan o pasen por encima. Sencillamente sigamos empujando que como decía el filósofo francés Albert Camus: “La lucha por llegar a las cumbres basta para llenar un corazón de hombre”. Estoy seguro de ello. Creo que vale la pena.

Ernesto D

miércoles, 15 de octubre de 2008

Zonas de confort

“Zona de confort” no es más que ese espacio o condición en la que nos encontramos cómodos, sin necesidad de asumir riesgos, de optar por nuevos retos, nuevos aprendizajes, mayores logros y mejores resultados. Es ese lugar al que nos confinamos por el miedo al fracaso, al que dirán, por amor a la realización del menor esfuerzo. Es la zona donde el status quo se mantiene inalterable, en fin, donde no es posible plantearnos siquiera la realización de nuestras metas más sencillas.

Pasa en las personas y con ellas, pasa también con las instituciones y organizaciones que conformamos; todos y todo tienen sus zonas de confort. A esta realidad se contrapone aquella que llamamos “zonas de riesgos o de aprendizajes”. Esa donde el esfuerzo se concentra en los desafíos, en la curiosidad por aprender o hacer algo nuevo, obtener resultados, descubrimientos novedosos para el bien propio y el de los demás.

Ejemplos de uno y otro fenómeno los tenemos por doquier. Valdría la pena analizar, sabiendo esto, cómo se manifiestan en nuestras vidas en la actualidad y cuál o cuáles son nuestras zonas de confort. En nuestras familias, con nuestras parejas, hijos, amigos, en el espacio de trabajo, en nuestra relación con el resto de la sociedad, en nuestras prácticas espirituales o religiosas.

Pensemos cuánto pierde una persona o deja de disfrutar por permanecer estacionado, paralizado, inmerso en su zona de confort. Posiblemente es ahí donde estemos parados ahora y por ello notamos o constatamos que nuestras vidas no avanzan o crecen, nuestras metas se hacen borrosas, distantes, nuestras relaciones se estancan. Queremos seguridad, adoramos el confort, sin embargo, estos se nos escapan como arena entre los dedos.

Me veo a mí mismo desde esta dimensión y me hago las preguntas anteriores. Me doy cuenta de que las quejas expresadas contra algo o alguien, pueden estar siendo verdaderas excusas para mantenerme en mi zona de confort, para no afrontar mis posibilidades de triunfar y pagar el precio que ello representa.

Hoy entonces, creo que dormiré más tranquilo. Puedo elegir que las circunstancias me dominen y encierren en mi zona de confort o sirvan mas bien para mantenerme alerta, creativo, provoquen en mí una respuesta proactiva y transformadora de mis circunstancias. La tela de araña puede atrapar elefantes, envolverlos, entretenerlos, desorientarlos o dormirlos. Puede servir de igual modo, para retar a los elefantes, provocar que jueguen y experimenten, obtengan lo mejor de ella con la voluntad y energía de la innovación. Esto así, aunque sólo sea una simple tela de araña.

El riesgo sumado a la diversión y disfrute del proceso es lo que dará como resultados el gozo profundo y auténtico. Nuestro compromiso primero es con nosotros mismos, lo que significa no volvernos momias en nuestras zonas de confort. Lo demás vendrá por añadidura. Creo que vale la pena.

Ernesto D