viernes, 26 de septiembre de 2008

Siempre hay Alguien


Ahora mismo en algún lugar del mundo hay alguien pensando en nosotros, extrañándonos, deseando estar a nuestro lado. Alguien en algún lugar cercano o lejano está hablando de nosotros con orgullo, con pasión, con alegría. En algún rincón del universo hay alguien esperando por nosotros, con los brazos abiertos, la sonrisa franca y el brillo en la mirada.

Ahora mismo en alguna plaza alguien suspira por nosotros, alguien toma el café deseando tomarlo en la misma mesa con nosotros, deseando estrechar nuestras manos y cantarnos al oído alguna canción.

Aunque lo dudemos, siempre habrá alguien. Alguien que confiará en nosotros, que nos dará su apoyo incondicionalmente, alguien dispuesto a poner su hombro para nuestras descargas emocionales, alguien deseoso de tomar consigo los riesgos que hemos asumido. Habrá alguien en este instante que esté escribiendo nuestro nombre en las paredes, sobre un trozo de papel, sobre las arenas de alguna playa escondida. Alguien con nuestras mismas ilusiones, ausencias, búsquedas, decepciones.

Sucede en este justo momento. Estoy seguro que después de leer estas líneas, seremos cada uno de alguna manera ese Alguien. Pensaremos, extrañaremos, desearemos, esperaremos, hablaremos, suspiraremos. Será intensa la energía y el bien querido, será inmensa la bendición que cubrirá a las almas expectantes, que como nos, muchas veces sufren la soledad y el sin sentido de la vida.

Ocurre ahora y así será siempre. ¿Para qué seguir pensando e insistir en decir que a nadie importamos? No estamos solos. A partir de este instante podemos ser ese Alguien que otros necesitan, ese Alguien que necesitamos a nuestro lado. Ojalá que el miedo no nos impida entonces, expresarnos el amor que es la esencia nuestra y las ganas de ser cada día, cada instante, cada vez, ese Alguien. Creo que vale la pena.
Ernesto D

jueves, 18 de septiembre de 2008

Sin filosofía no

A cada rato escucho de algunas personas expresiones del tipo "te me estás poniendo muy filosófico" o "menos filosofía por favor, vayamos a lo concreto" y es en momentos como esos que me río para mis adentros y me pregunto: Cómo es posible vivir la vida sin filosofar siquiera un chin sobre ella?
El más noble y simple ser en este mundo vive y respira la filosofía, es más, como solemos decir, unos y otros tenemos nuestra propia "filosofía de vida". En unos/as es más notorio el ejercicio racional, en otros/as no tanto, pero no precisamente por la ausencia de conocimientos o la falta de capacidades. Quizás sea más por una cuestión de vagancia intelectual o de ignorancia asumida.
Particularmente me considero un filósofo, esto significa "un ser amante de la sabiduría", esa que es necesaria para dar los pasos correctos en la vida, aquella que es imprescindible para apreciar las esencias y valorar los accidentes o circunstancias en su más justa dimensión. He visto vidas cobrar sentido, transformarse y desarrollarse debido al contacto con la Madre de todas las ciencias.
Filosofar me ha permitido apreciar mejor a las personas, disfrutar del mundo que nos ha sido dado, cambiar mi perspectiva acerca de la naturaleza , influir sobre la realidad para que se haga y rehaga de la manera más auténtica, hacer que cada día sea más intenso, más pleno. La filosofía realmente cura, aunque para muchos sea una verdad incómoda.
Ojalá y entonces dedicáramos cada día un chin de tiempo para pensar, reflexionar, razonar sobre lo que somos, hacemos y tenemos. Si hiciéramos de ello una costumbre, las cosas posiblemente en nos y a nuestro alrededor serían un tanto diferentes. Probablemente mejores. Creo que vale la pena.
Ernesto D

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Madera de líder

Ayer martes en la noche tuve la suerte de participar en una velada con un grupo selecto e interesante de personas de nuestra sociedad. La clase media y alta representada por doce personas, de profesiones distintas, con lo cual el diálogo se hizo más rico y ameno: arquitectos, diseñadores, economistas, banqueros, políticos, promotores turísticos, relacionistas públicos, directora de un colegio privado y un ex-candidato presidencial que está aspirando para dentro de cuatro años.
Sí, seguro que ya lo adivinaron, la velada fue organizada para compartir ideas con esta figura notable. Pero, al parecer su impacto en la audiencia no convenció, no generó aplausos, aunque sí comentarios del tipo, "ese no gana, no, no llega, qué va, no convence a la gente". Esto entonces provocó en mí una serie de pensamientos que llevados al análisis me hicieron pensar en lo que se necesita para ser un líder a la altura de poder ostentar la primera magistratura de la nación. Les digo desde ya que no son cosas para nada complejas ni complicadas, lo sofisticado del discurso que tenga no es lo más importante.
Los elementos fundamentales de un político que quiera ser líder o de cualquiera que quiera serlo, sigue siendo entre nosotros/as: que genere empatía además de ser simpático, que manifieste seguridad en lo que dice, en cómo lo dice, y que no demuestre necesariamente ni de forma arrogante, que se las sabe todas, eso sí, debe ser convincente hasta en el ritmo de su respiración y hacer ver que tiene si no todas, buena parte de las respuestas a las preguntas que se le hagan (aunque postergue las mismas o se invente algunas de forma elegante). Alguien que hable con el corazón en la mano, que suelte un San Antonio de vez en cuando, sólo para recordarse a sí mismo su terrena condición, que sea delicado y atento en el trato con las féminas y que se le note la pasión por el oficio.
Se nace o se hace, se nace y se hace, el líder brilla allí donde sabe que puede dar frutos, cobijar a otros/as y aconsejar lo mejor para el bien común y el humano desarrollo . En caso de que no sea posible, entonces mejor dejar el escenario, la famosa "arena política" y dedicarse a otra cosa y luchar por abandonar el sueño que posiblemente alguien le prestó antes de que se vuelva decepcionante pesadilla.
Espero asistir a la próxima velada que el Universo me regale, sea con estas nobles personas o con otras parecidas, ya que de todas se aprende algo nuevo, se saca provecho y como establece uno de los principios del éxito: "Acabamos siendo el promedio de las cinco personas con las que nos juntamos". Como ayer éramos doce ya sé con qué parte del grupo quiero ser promedio. Seguro que lo adivinaron de nuevo... Creo que vale la pena.
Ernesto D