miércoles, 3 de septiembre de 2008

Madera de líder

Ayer martes en la noche tuve la suerte de participar en una velada con un grupo selecto e interesante de personas de nuestra sociedad. La clase media y alta representada por doce personas, de profesiones distintas, con lo cual el diálogo se hizo más rico y ameno: arquitectos, diseñadores, economistas, banqueros, políticos, promotores turísticos, relacionistas públicos, directora de un colegio privado y un ex-candidato presidencial que está aspirando para dentro de cuatro años.
Sí, seguro que ya lo adivinaron, la velada fue organizada para compartir ideas con esta figura notable. Pero, al parecer su impacto en la audiencia no convenció, no generó aplausos, aunque sí comentarios del tipo, "ese no gana, no, no llega, qué va, no convence a la gente". Esto entonces provocó en mí una serie de pensamientos que llevados al análisis me hicieron pensar en lo que se necesita para ser un líder a la altura de poder ostentar la primera magistratura de la nación. Les digo desde ya que no son cosas para nada complejas ni complicadas, lo sofisticado del discurso que tenga no es lo más importante.
Los elementos fundamentales de un político que quiera ser líder o de cualquiera que quiera serlo, sigue siendo entre nosotros/as: que genere empatía además de ser simpático, que manifieste seguridad en lo que dice, en cómo lo dice, y que no demuestre necesariamente ni de forma arrogante, que se las sabe todas, eso sí, debe ser convincente hasta en el ritmo de su respiración y hacer ver que tiene si no todas, buena parte de las respuestas a las preguntas que se le hagan (aunque postergue las mismas o se invente algunas de forma elegante). Alguien que hable con el corazón en la mano, que suelte un San Antonio de vez en cuando, sólo para recordarse a sí mismo su terrena condición, que sea delicado y atento en el trato con las féminas y que se le note la pasión por el oficio.
Se nace o se hace, se nace y se hace, el líder brilla allí donde sabe que puede dar frutos, cobijar a otros/as y aconsejar lo mejor para el bien común y el humano desarrollo . En caso de que no sea posible, entonces mejor dejar el escenario, la famosa "arena política" y dedicarse a otra cosa y luchar por abandonar el sueño que posiblemente alguien le prestó antes de que se vuelva decepcionante pesadilla.
Espero asistir a la próxima velada que el Universo me regale, sea con estas nobles personas o con otras parecidas, ya que de todas se aprende algo nuevo, se saca provecho y como establece uno de los principios del éxito: "Acabamos siendo el promedio de las cinco personas con las que nos juntamos". Como ayer éramos doce ya sé con qué parte del grupo quiero ser promedio. Seguro que lo adivinaron de nuevo... Creo que vale la pena.
Ernesto D

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