Según la mitología griega, los dioses condenaron a Sísifo a empujar eternamente una roca hasta lo alto de una montaña, desde donde la piedra volvía a caer por su propio peso. Una y otra vez la piedra subía y volvía a caer, imagen del trabajo inútil, absurdo y sin esperanza. ¿Tantos afanes y sacrificios para qué? ¿Acaso hemos sido también nosotros condenados?
Leyendo y releyendo el mito, pienso en cada uno de nosotros los que nos esforzamos en que nuestras tareas de cada día sean parte del fin noble del mejoramiento humano. Como Sísifo tenemos que empujar y empujar una y otra vez. Hay piedras, peñones en el camino, de todas las formas y tamaños posibles. Sin embargo, me afirmo en la esperanza de que no hay roca insalvable. Sólo el desasosiego latente, la pérdida de sentido y lo volátil de nuestros muchos deseos, es lo que hace que las dificultades se tornen a nuestros ojos como imposibles.
Sísifo no sólo empuja la piedra, sino que en ese acto de esfuerzo se reconoce, se ve a sí mismo, llegando a dominar, a conocer más sobre la masa pétrea. Se vuelve libre en medio de lo absurdo que puede parecer la tarea. Reconoce a su vez que lo que hace vale la pena, tiene sentido y es parte del destino que él mismo labra.
A veces, las piedras nos aturden, nos confunden y distraen de la verdadera esencia humana, nos remiten a lo accesorio o accidental de la misma y no nos permiten ir hacia nuevos horizontes. No se trata de huir, piedra será la huída, no se trata de olvidar, piedra será el olvido, no se trata de llorar impotentemente, piedras serán el llanto, las lágrimas y la impotencia misma.
Hay una oportunidad continua, constante, consistente en hacernos conscientes de cuanto hacemos, descubrir las piedras que empujamos hacia arriba y seguir en la tarea cotidiana de hacer que nuestro humano destino avance hacia arriba. No busquemos culpables de nuestra condición. No hemos sido condenados por ningún dios. Es nuestra responsabilidad, tiene que ver con nuestra posibilidad de elegir.
La invitación hoy es, a no abandonar el camino, no dejemos que las piedras nos caigan o pasen por encima. Sencillamente sigamos empujando que como decía el filósofo francés Albert Camus: “La lucha por llegar a las cumbres basta para llenar un corazón de hombre”. Estoy seguro de ello. Creo que vale la pena.
Leyendo y releyendo el mito, pienso en cada uno de nosotros los que nos esforzamos en que nuestras tareas de cada día sean parte del fin noble del mejoramiento humano. Como Sísifo tenemos que empujar y empujar una y otra vez. Hay piedras, peñones en el camino, de todas las formas y tamaños posibles. Sin embargo, me afirmo en la esperanza de que no hay roca insalvable. Sólo el desasosiego latente, la pérdida de sentido y lo volátil de nuestros muchos deseos, es lo que hace que las dificultades se tornen a nuestros ojos como imposibles.
Sísifo no sólo empuja la piedra, sino que en ese acto de esfuerzo se reconoce, se ve a sí mismo, llegando a dominar, a conocer más sobre la masa pétrea. Se vuelve libre en medio de lo absurdo que puede parecer la tarea. Reconoce a su vez que lo que hace vale la pena, tiene sentido y es parte del destino que él mismo labra.
A veces, las piedras nos aturden, nos confunden y distraen de la verdadera esencia humana, nos remiten a lo accesorio o accidental de la misma y no nos permiten ir hacia nuevos horizontes. No se trata de huir, piedra será la huída, no se trata de olvidar, piedra será el olvido, no se trata de llorar impotentemente, piedras serán el llanto, las lágrimas y la impotencia misma.
Hay una oportunidad continua, constante, consistente en hacernos conscientes de cuanto hacemos, descubrir las piedras que empujamos hacia arriba y seguir en la tarea cotidiana de hacer que nuestro humano destino avance hacia arriba. No busquemos culpables de nuestra condición. No hemos sido condenados por ningún dios. Es nuestra responsabilidad, tiene que ver con nuestra posibilidad de elegir.
La invitación hoy es, a no abandonar el camino, no dejemos que las piedras nos caigan o pasen por encima. Sencillamente sigamos empujando que como decía el filósofo francés Albert Camus: “La lucha por llegar a las cumbres basta para llenar un corazón de hombre”. Estoy seguro de ello. Creo que vale la pena.
Ernesto D
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